La Ciudad de Buenos Aires volvió a vibrar al ritmo del running cuando días atrás se realizó con la tradicional Maratón Internacional de Buenos Aires.
El evento, consolidado como una de las grandes citas del calendario atlético mundial, reunió a más de 16.000 corredores de las 24 provincias argentinas y de 64 países de los cinco continentes. Con el prestigioso sello de la World Athletics Label, la competencia contó con una destacada participación femenina de 5.246 inscriptas y un fuerte impacto internacional: Brasil lideró el cupo extranjero con 2.769 atletas, seguido por Chile y Uruguay.
En la categoría de élite, los representantes africanos dominaron el podio. El keniano Bethwel Kibet Chumba se quedó con el primer puesto masculino con un tiempo de 2 horas, 8 minutos y 22 segundos. Por su parte, su compatriota Rebecca Kangogo Chesir se impuso en la categoría femenina y rompió el récord del circuito al cronometrar 2 horas, 23 minutos y 31 segundos. Los miles de competidores disfrutaron de un circuito exigente y pintoresco bajo una mañana primaveral, uniendo Palermo, Recoleta, Retiro, Puerto Madero y La Boca, con postales icónicas como el Obelisco, la Casa Rosada y el Teatro Colón.
El orgullo de Ushuaia y el reclamo por el apoyo deportivo
Más allá del despliegue de las figuras internacionales, la maratón también fue el escenario del esfuerzo y la superación del atletismo del interior del país. Los atletas Carmen Scompi, Eva Rojas y Javier Vázquez representaron a Ushuaia logrando una destacada actuación en la competencia y dejando en lo más alto los colores de Tierra del Fuego.
Sin embargo, como ocurre habitualmente en el atletismo amateur, el viaje y la preparación se lograron exclusivamente a pulmón. Todos los gastos fueron costeados por los propios corredores, quienes tras meses de dedicación y horas de entrenamiento debieron enfrentar la falta de apoyo estatal oficial.
Esta realidad expone una problemática recurrente para los deportistas locales, quienes muchas veces deben recurrir a rifas o venta de empanadas para poder viajar, cansados de golpear puertas sin obtener respuestas en una agenda pública que suele priorizar la política por sobre el deporte.
Ante este escenario, en la comunidad deportiva resuena el reclamo por una mayor transparencia en el uso de los fondos públicos; puntualmente, sobre el cumplimiento de normativas como la del IPRA (Instituto Provincial de Regulación de Apuestas), que por ley debe destinar un 7% de sus recursos al desarrollo del deporte, un beneficio que los atletas en la calle todavía esperan ver reflejado.