El siniestro se desencadenó mientras ambas embarcaciones se encontraban atracadas en el sector sur del muelle. En ese momento, la zona registraba vientos sostenidos de 30 nudos, pero fue una ráfaga extraordinaria de aproximadamente 40 nudos (unos 75 km/h) la que actuó sobre el World Voyager, provocando que uno de sus cabos en la sección de popa cediera ante la carga eólica.
Al desprenderse parcialmente de sus amarras, el World Voyager derivó hacia el Viking Octantis. Según informaron fuentes portuarias, la rápida reacción de la tripulación del Viking Octantis fue clave: ejecutaron una maniobra preventiva de resguardo que permitió amortiguar la energía del golpe, evitando daños de mayor gravedad.
Fuentes consultadas en la Prefectura Naval, indicaron que tras la inspección técnica, se confirmó que el contacto se produjo muy por encima de la línea de flotación, descartando cualquier riesgo de hundimiento o compromiso de áreas críticas. El saldo de daños materiales se resume en:
El evento ha sido calificado como un accidente operativo asociado a condiciones meteorológicas adversas, un fenómeno que, aunque infrecuente, cuenta con antecedentes en puertos del mundo expuestos a climas extremos.
Para tranquilidad de los pasajeros y las operadoras turísticas, se confirmó que ambas embarcaciones se encuentran plenamente operativas. Al no verse comprometida la seguridad ni la navegabilidad, los dos buques han recibido la autorización para proseguir con su navegación hacia el continente blanco.